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Tirar de la cadena

Tirar de la cadena
08/04/2019 -

Un sencillo gesto como tirar de la cadena del váter está detrás del mayor atasco que ha sufrido la red de saneamiento de València. La situación del colector norte se ha llenado telediarios y diarios por el impacto que ha tenido la extracción de 5.000 toneladas de residuos, por un importe nada despreciable de 8 millones de euros.

El (mal) uso de las toallitas higiénicas ha agravado el estado de una red que había sido víctima de los recortes en inversiones. La irrupción de este nuevo producto en nuestros hogares se ha traducido en que a las compresas, preservativos, hilos dentales, bastoncillos y demás utensilios se le ha sumado un nuevo aliado para atascar las tuberías.

El uso de toallitas higiénicas es un hábito higiénico reciente que ha venido para quedarse en València, como lo está haciendo en muchas otras ciudades. De lo que se trata es de ser capaces de gestionarlo para evitar el colapso de la red de saneamiento y el grave impacto medioambiental que tendría un vertido de estos residuos.

Por esta razón, desde la concejalía de Ciclo Integral del Agua estamos trabajando para limpiar tres kilómetros de colector que se han visto afectados, pero también queremos llamar la atención sobre la gran cantidad de recursos que estamos invirtiendo. Seguramente, cuando culminemos los trabajos dentro de un año habremos gastado en su limpieza más de 10 millones de euros.

Además, con el objetivo de reparar, adaptar y cumplir con la normativa en la red de saneamiento de la ciudad, hemos diseñado un plan dividido en tres fases, situadas entre 2020 y 2035, con un importe que asciende a 162,47 millones de euros. Una inversión para la que hemos solicitado financiación al Banco Europeo de Inversiones con el objetivo de atender las necesidades de colectores, estaciones de bombeo y depósitos de la ciudad.

Pero el dinero público no puede perderse por el sumidero a este ritmo de gasto. Estas inversiones podrían destinarse a mejorar servicios públicos como el transporte o a construir escuelas infantiles o parques. Para hacerlo posible, simplemente es necesario un gesto, un cambio de hábito. Para ello, hemos impulsado acciones informativas en colegios al observar que los y las más pequeños son quienes más toallitas usan. A través de experimentos y simulaciones, pueden comprobar qué sucede tirar toallitas al inodoro como si se tratara de una papelera. Este tipo de actividades de concienciación tienen un efecto multiplicador en las familias.

Pero estas actuaciones no pueden quedarse en una lección puntual, una curiosidad esporádica. Es necesario ser consciente del impacto de nuestras acciones, no solo en la red de saneamiento de nuestra ciudad, sino en el daño medioambiental que producen. Los atascos impiden el correcto funcionamiento de las depuradoras y, si las toallitas no se eliminan antes de pasar por ese proceso y consiguen llegar al entorno natural, pueden tardar cientos de años en desaparecer.

Por ello, desde el Ayuntamiento solicitamos al Ministerio de Industria que regule de manera específica la fabricación y comercialización de las toallitas higiénicas. En esta batalla es fundamental que las empresas que comercializan este producto informen al consumidor sobre su uso adecuado, controlen su fabricación y componentes, y establezcan mecanismos de concienciación pública sobre los problemas que genera.

En definitiva, esta situación tiene un enorme coste tanto para las arcas públicas como el medio ambiente, y lo pagamos todos. Debemos hacer un esfuerzo conjunto y continuado para que los nuevos hábitos de uso vengan acompañados con nuevas prácticas que sean cuidadosas con nuestro entorno y eviten que peligre un servicio básico como la evacuación de las aguas residuales. No sigamos echando los recursos públicos por el váter cada vez que tiramos de la cadena

Vicent Sarrià,
Regidor de Cicle Integral de l’Aigua

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