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Paco Alcácer, la novela sin fin

Paco Alcácer, la novela sin fin

Como están los asuntos últimamente en el Valencia, la continuidad de Paco Alcácer en el club no la puede asegurar nadie.

No importa que aparezca la presidenta Layhoon Chan ante más de mil peñistas y suelte palabras interpretables como “el Valencia no quiere vender a Paco Alcácer”; no importa que Suso confirme sus palabras en rueda de prensa; no importa que en una cena del club se le acerquen al delantero y le digan “oye, Paco, queremos que te quedes”; no importa que el lunes, en rueda de prensa tras la derrota 2-4 contra Las Palmas, Pako Ayestarán reafirme que Alcácer y Mustafi serán aportes esta temporada. Nada de eso importa cuando a la ecuación del Barcelona se le suman 30 millones de euros.

Peter Lim es un importante personaje de esta historia, de esos sujetos implícitos que no dicen nada pero que un día en el tiempo tuvo una cena con ejecutivos catalanes y Bartomeu para hablar de los fichajes que podían llegar (Samper, Munir) y de los que podían irse (Gomes, Alves, Alcácer). Al delantero lo quiere el Barcelona como recambio de un Luis Suárez que esta temporada jugará por Uruguay y tendrá más compromisos. Si esto fuera una novela, Lim sería un personaje interesante. Sus acciones las debe dilucidar el lector.

Hay algunos aficionados que creen que el Valencia se está convirtiendo en una sucursal barcelonista. Pues sí, ya que los hechos son susceptibles de mirarse con perspectiva para actualizarlos y con esto llegan a la memoria los jugadores que históricamente se han quedado los azulgranas. Solo desde los 60, José Manuel Pesudo, Gerard López, David Villa, Jordi Alba, Jeremy Mathieu… Esta temporada fue André Gomes, un jugador que ya está haciendo lo suyo junto a Messi y cía.

Sin embargo, ¿queda otra salida? No debiera haber culpables, ni la afición por no querer dejarlo ir, ni el propietario singapurense por imaginarse cómo cuadrarían los números de realizarse la transacción. Si hay algo que saben todos los personajes es que el fútbol moderno es sinónimo de mucho, muchísimo dinero. Y si queremos hablar de culpabilidad, el menos culpable es el mismo Alcácer, un joven de 22 años que tiene el derecho de cumplir sus sueños, buscarse un mejor trabajo y ansiar la competitividad de un equipo que siempre roza fases decisivas.

La única y última verdad debiera ser que el Valencia necesita millones de euros de forma urgente. Y lo necesita y es urgente porque requiere centrales de calidad para cubrir ese vacío defensivo que dejaron jugadores como Otamendi. La afición clama al cielo del Mestalla por defensas. Mustafi sí da lo que se quiere, pero Vezo, Abdennour y Santos no… para nada. Esta incontestable realidad la confirman partidos como el que se vivió contra Las Palmas en el debut, donde Ryan recibió cuatro goles —¡cuatro goles!— y lo único que funcionó fue el mediocampo, porque la delantera llegó bastante pero no fue eficiente. Y ahí estaba Paco…

¡Ay, Alcácer! Si entramos en el comportamiento en el campo de juego, el ánimo del futbolista es otro capítulo de esta historia. Salvo un tiro al larguero contra los canarios, el delantero no hizo mucho más. Como en la cita contra la Fiorentina, parecía estar ausente, pensando en otra cosa, observando al estadio que lo aplaudía pero que quizás lo verá partir… En las historias hay capítulos tristes y este es uno de ellos: el torrentino no encuentra su juego.

Lo único que queda claro es que el único personaje de este relato que puede destrabar la trama es Peter Lim. Con su cena, él empezó los rumores y él deberá zanjarlos. Como en toda buena novela, el protagonista criado en Torrent y en las inferiores del Valencia vive a merced de las circunstancias y son fuerzas externas las que deciden su destino, a menos que él elija su futuro por sobre todos. En tanto el Barcelona siga presionando sin que la afición valenciana tenga información concreta, todo lo demás es ficción.

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