Notas de nostalgia musical y brotes de barbarie ancestral se encuentran en Cannes

Notas de nostalgia musical y brotes de barbarie ancestral se encuentran en Cannes

Cuando pendía de un hilo la presencia de la anunciada película de clausura de Terry Gilliam ‘The Man Who Killed Don Quixote’ por culpa de un asunto judicial movido por el productor Paulo Branco y la productora que quería prohibir su exhibición, un tribunal ha fallado contra Branco y se confirma así que el accidentado film de Gilliam podrá cerrar el 71 Festival de Cannes. Los tribunales marcan incomprensiblemente la agenda del festival como, desgraciadamente, se pone de relieve con la detención del cineasta ruso Kirill Serebrennikov, seleccionado a competición en la Sección Oficial por ‘Leto’, quien no ha podido asistir al certamen, puesto que se encuentra bajo arresto domiciliario por orden de las autoridades rusas, mientras el equipo actoral dejaba la silla vacía durante la rueda de prensa de presentación del film como testigo de denuncia de su detención. Más allá de la presentación de la cuidadosa y nostálgica ‘Leto’, la jornada ha dejado también un rincón por el desconcierto gracias a ‘Gräns’ de Ali Abbasi.

‘Leto’ de Kirill Serebrennikov. Primavera musical

La Sección Oficial ha sido testigo del salto del ruso Kirill Serebrennikov después del Premio Especial del Jurado obtenido por su film ‘El discípulo’ (2016) en la sección paralela Uno Certain Regard. Y lo ha hecho con el film ‘Leto’, ambientado en la época de Breznev, concretamente en 1980, que retrata la escena musical underground soviética en la zona de Leningrado. El título original, que quiere decir el verano, señala una especie de primavera musical en sintonía con los aires de renovament y de ansia de libertad que eclosionaria unos años más tarde gracias la Perestroika. Pero los 80 son todavía años de hierro, que se vive bajo el peso represivo del régimen soviético, que no ve con buenos ojos la música rock, tildada de propagada occidental y contrarevolucionària.

Una película que juega la carta de la nostalgia, un auténtico revival musical de una época marcada por la influencia de grupos y músicos como T. Rex, Lou Reed, Velvet Underground, David Bowie o Blondie. En realidad, es un biopic musical en medio de la escena rusa centrado básicamente con Viktor Tsoï (Teo Yoo), un joven que quiere abrirse camino en la música, y que conocerá al idolatrado músico Mike Naoumenko (Permanece Bilyk) y su mujer Natacha (Irina Starshenbaum).

Se trata de un momento musical crucial, un encuentro que marcó el destino de la historia del rock ruso contemporáneo, entreteniéndose con sus grupos más emblemáticos. Una película testimonial sobre el pasado pero que se obra también al presente, a remolque del arresto del realizador ruso, y que pone de retruque sobre la mesa la regresión de libertades e involución democrática que parece que sufre la Rusia de Putin. Una película filmada en un áspero blanco y negro, de gran plasticidad, que conjuga varios momentos bajo los resortes del videoclip a través de escenas sublimadas, relámpagos de fantasía que trascienden en parte el clima de control y vigilancia. Una estética vistosa que procura también imitar el formato granulat de las grabaciones en vídeo, imprimiendo una cierta huella documental.

‘Gräns’ de Ali Abbasi. Bestialitat

En la sección Un certain Regard hay que subrayar la brillante y torbadora apuesta del cineasta sueco de origen iraní Ali Abbasi con ‘Gräns’, a partir de un texto del autor de ‘Déjame entrar’, John Ajvide Lindqvist. Abbasi apuesta de nuevo por los territorios del miedo y el hecho inquietante después de su primer film ‘Shelley’ (2016), ahora con un film sobre una vigilante en una terminal de ferrys suecos, Tina (Eva Valender), que dispone de un olfato privilegiado para detectar la culpa o la vergüenza de aquellos que esconden algún crimen o se dedican al tráfico ilegal. Esta capacidad privilegiada, un dote de naturaleza digamos animal, se requerida por las autoridades para ayudar a esclarecer actas infames de violencia sobre un niño. Todo cambia por Tina cuando conoce un hombre tan estrafalario y poco agraciado físicamente como ella, Ver (Eero Milonoff), que desprende el olor delatora de la maldad, una sombra de sospecha enganchada a la piel, aunque no se lo pueda incriminar para nada.

Se trata de dos seres feos, de apariencia bestial, condenados a entenderse y, incluso, a enamorarse. Pero entonces es cuando empiezan a emerger terribles e insospechados secretos, como el reverso del amor, y que pone de manifiesto la herencia genética de una raza escasamente humana. Todo esto acabará poniendo contra las cuerdas a Tina, acostumbrada a los humanos y a sus valores éticos, especialmente la distinción clara entre bien y mal, confrontada ahora a un bagaje salvaje que ignoraba por completo.

El texto de Ajvide Lindqvist delata la existencia de un tipo de trolls, criaturas de los bosques, que se husmean como fieras, que disfrutan en plena naturaleza, y que entroncarían con cierta mitología nórdica, oportunamente pasado por el filtro del fantástico moderno. Un film que habla de los otros, aquellos seres marginados por su aspecto físico repulsivo, especie de monstruos empujados a los márgenes de nuestro mundo. Pero que como raza en riesgo de extinción no quieren renunciar a su desaparición, y el film se transforma también entonces sobre un manifiesto por la dignidad propia y la asunción del precio de la barbarie para continuar existiendo. Una de las grandes revelaciones de la sección.

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