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Naseiro, contigo aprendí

Naseiro, contigo aprendí
05/03/2018 -

Decía Bárcenas que se encontraba fuerte… Y ahí estaba él, Luis “el cabrón”, como un señor, más pito que pito, desafiando a la prensa con sus silencios, levantando las cejas… Imagino que ese teatro iría dedicado a intimidar más al Partido Popular y a ‘Eme Punto’ Rajoy que no a los otros grupos políticos que íbamos por trabajo. Obviamente, no pudo negar sus papeles, pero, ains! Hay tantos y tantos nombres que aparecen… Y tantos que han pasado desapercibidos, mucho de ellos valencianos que han calentado o calientan durante demasiado tiempo butacas públicas, o a menudo sin hacer nada de provecho para los intereses valencianos.

De hecho, uno de ellos, el senador valenciano Pedro Agramunt, lleva en la cámara territorial desde 1993, su nombre aparece en la contabilidad en B y ya estuvo involucrado en un caso grave de corrupción, y madre del cordero de todo lo que ha acontecido después: Naseiro contigo aprendí. La última cosa que sabemos del señor Agramunt es que, forzado por Compromís y entre ellos una servidora que se puso lo más fuerte, tuvo que dimitir del Consejo de Europa por un oscuro caso bautizado como “la diplomacia del caviar”, que mezcla el régimen de Azerbaiyán, derechos humanos y perlas de beluga y que, incluso, lo trajo a viajar en un avión ruso para entrevistarse con Al-Assad, el dictador en guerra en Siria. Y a todo esto, en el Senado, institución de la que también cobraba, no sabían nada, ni en el Senado ni al Consejo de Europa.

Pero aunque curioso y meritorio de una película de gángsters, no es el único. Todavía queda mucha gente por salir a la palestra, no es sólo el marido de Cospedal, que tanta bilis le ha hecho sacar al Bigotes desde la prisión, donde está aprendiendo a “pochar”, sino también otras prohombres que algún día tendremos que averiguar que cosecha hacían soltando “mondongo” en Génova 13. Ni que fuera una carnicería. Después a una la acusan de ser poco elegante cuando digo estas cosas desde la trona de les Corts. Pero miren, la realidad supera la ficción.

Y es que en las Cortes Valencianas a veces pasan cosas de estas, que se crean comisiones de investigación para averiguar hasta donde llegan las responsabilidades de los anteriores dirigentes. Y claro, cuando te pones a ligar cabezas, a estirar de cuerdas -porque más que hilos son cuerdas de amarrar barcos- sabes donde empiezas, pero no donde acabas.

Recuerdo el año que he dedicado a la Comisión de Savia, que propiamente se decía “comisión para investigar la adjudicación de plazas de residencia de tercera edad a empresas de accesibilidad social y en especial al grupo Savia, de la familia Cotino” (con ese nombre, normal que abreviemos) y me pongo enferma cuando visualizo el final de la Comisión, donde el propio Cotino (lo de “habré metido la mano, pero no la pata”) decía que estaba más limpio que una patena.

Mentira! Ve tú aquí que su propio sobrino afirmaría meses después, y en sede judicial, haber financiado ilegalmente el partido de su señor tio (quién, a cambio, seguramente le fue muy proclive a la hora de llenar las residencias de la tercera edad de las cuales él también era socio). Al mismo tiempo, en la sala del lado, comparecía Camps, muy elegante -como cabría esperar de alguien que se ha sentado al banquillo de los acusados por cuestiones de trajes-, negando cualquier cosa y defendiendo su tarea “regalada” al Consejo Jurídico Consultivo. Yo creo que ese día le preguntan su nombre y miente nuevamente sin que se le arruguen las cejas. Como el sr. Blasco, que desde la prisión me contestaba cuando le interrogaba que mi “vehemencia” no hacía ninguna “mella en su ánimo”. A mí se me llevaban los demonios solo de pensar en todo el que se ha robado, y el tío todavía quería tener la razón. Eso sí, algún efecto tendría esa comparecencia telemática desde Picassent, cuando al día siguiente escribía una larga carta en la que acusaba Cotino de haber prostituido su gestión. Sí hombre, Cotino, el que estaba limpio como una patena y ahora resulta que tendrá que atestiguar por la visita del Santo Padre…

Todo está relacionado, todo está “atado y bien atado”, y hay quién tiene más culpa de lo que dice. Cómo Enrique Ortiz cuando hacía el papel pidiendo perdón por haber financiado ilegalmente el Partido Popular, pero que mira por donde con una multa insignificante se entregará, sin entrar a valorar como se llenaban sus residencias, o qué son los beneficios de Brugal o de Rabassa (de dónde, por cierto, se extraen las conversaciones grabadas en las que Ortiz -alias “la polla insaciable”- y Vicente Cotino decían que iban a llenarse los bolsillos ). De hecho, el negocio de las residencias fue tan redondo que dos individuos expertos en sacar comisiones en B de Bárcenas, al ver como los otros se forraban, quisieron aprovecharse del esquilo y “traficar cono abuelitos”, tal y como le recordé al “yonki del dinero” cuando vino a las Cortes.

El yonqui no pudo negar las grabaciones que él mismo había hecho, cosa que sí que haría Rus una semana después. Eso sí, usó el gran hit del PP: “no me acuerdo de nada”. Es posible que lo olvidara todo, puesto que el negocio de las residencias y el pelotazo que pegaron en Xàtiva se quedaba corto junto al que hacían a Imelsa y las adjudicaciones de CIEGSA con Máximo Caturla, quienes también ha venido por las Cortes en otra ocasión.

Y miran por donde que empezamos donde lo habíamos dejado, con los mismos actores de opereta. Volvemos al sumario del caso Taula, el de Benavent, donde se cuenta esto de “mil, dos mil, tres mil… dos millones de peles”. Aquí vuelve a aparecer cierto senador valenciano que todavía hoy disfruta del honor de haber sido el primer presidente del PPCV y que, por cuestiones de grabaciones no autorizadas, salió impune del caso Naseiro, junto con el maestro político del señor Bárcenas, otro diputado valenciano responsable –y culpable- de traer a “Luisito” por primera vez a la calle Génova 13 de Madrid, a trabajar para el PP en consideración de favores prestados. Y sé que ya sabemos que algunos actúan tal como dicen, con una finalidad confesa: “he venido a política para forrarme”, tal como también aparecía al sumario de Naseiro. Y sé que, Naseiro, contigo empezó todo… Ahora con paciencia y una caña, lo que esperamos es el final.

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