Menos del 2% de las muestras de pescado analizadas por Sanitat resultan no aptas por anisakis

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La Conselleria de Sanidad Universal y Salud Pública detectó a lo largo de 2015 un total de 15 muestras de pescado no aptas para el consumo por presencia de anisakis. Durante todo el ejercicio se tomaron 809 muestras en toda la Comunitat Valenciana, y únicamente el 1,8% resultaron no aptas, frente a la media de muestras no aptas de los tres años anteriores, que superaba el 4,5%.

La Dirección General de Salud Pública, dentro de sus actuaciones en materia de seguridad alimentaria, desarrolla un programa específico de control de anisakis en pescados y el año 2015 analizó 809 muestras distribuidas en establecimientos industriales (166), establecimientos de servicio de comidas (320), lonjas pesqueras (77) y pescaderías (246).

Para llevar a cabo la investigación se priorizaron las especies más comúnmente parasitadas, como la pescadilla, la merluza, la caballa y la bacaladilla, y otras como el arenque, la sardina, el boquerón, el bacalao, el salmón, el abadejo, el rape, el bonito, el rodaballo, la besuga, la gallineta, la brótola y el calamar. La procedencia del pescado era mayoritariamente del mar Mediterráneo (Zona FAO 37), concretamente el 51%, y del océano Atlántico (Zona FAO 27), el 41%.

Del total de muestras, 15 resultaron no aptas. Por especies: 9 eran muestras de bacaladilla, 3 de merluza, 1 de pescadilla, 1 de caballa y 1 de hueva (estas especies coinciden con las detectadas en años anteriores). Todas las muestras no aptas procedían del océano Atlántico nordeste.

El anisakis es un parásito que se puede encontrar en el pescado, cuyas larvas pasan activas al aparato digestivo humano al ingerir pescado crudo o poco cocinado. La anisakiasis humana es un problema de salud pública cuya incidencia está aumentando en los últimos años, y las medidas preventivas son esenciales para controlar la enfermedad.

Los expertos recuerdan que las pautas para la reducción del riesgo deben abarcar toda la cadena alimentaria, desde las prácticas durante la captura y posterior manipulación, los tratamientos tecnológicos de los productos procesados, hasta las recomendaciones dirigidas al consumidor y a la restauración colectiva, como eslabones últimos de la cadena, en los que también se debe apoyar la prevención.

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