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José Luis Pérez (Centre del Carme): "En València hay hambre de cultura"

Hablamos con el director del Centre del Carme y del Consorci de Museus para analizar la estrategia cultural que ha convertido al propio Centre del Carme en todo un referente de proximidad en todo el territorio

Fotos Carles Desfilis

José Luis Pérez (Centre del Carme): "En València hay hambre de cultura"

El Centre del Carme vive sin duda uno de sus mejores momentos. Espacio cultural de referencia, innovador y atrevido, está acercando la cultura a todos los públicos. Prueba de ello, es la propia evolución de las visitas que ha pasado de 75.919 visitas en 2016 a 343.248 en 2018 un 352,2% más . Al frente se encuentra su director José Luis Perez Pont que desde 2016 es el responsable del propio Centre del Carme y también del Consorcio de Museos.

¿Qué balance haces del Centre del Carme en estos cuatro años pasados?

Yo llevo ahora tres años y medio, llegué en abril de 2016. El balance es muy positivo desde el número de exposiciones, las actividades y la evolución del público. Casi el 70 % de visitantes procede de la Comunidad Valenciana, lo que hace que estemos prestando un servicio directamente a los propios valencianos y valencianas, lo cual es importante porque los recursos públicos se invierten en prestar un servicio público de proximidad. Sí que es cierto que hay un 24,3 % que son extranjeros, con lo cual tenemos con el turismo también prestamos un servicio en un campo económico importante en la Comunidad Valenciana.

‘Para mí era importante que los museos y centros de arte se convirtieran en espacios de vida cotidiana’

Para mí era importante que los museos y centros de arte se convirtieran en espacios de vida cotidiana. Con la fórmula de trabajo que hemos creado para el Centre del Carme y que estamos generando a través del Consorci de Museus en diferentes ciudades y puntos de la Comunidad Valenciana estamos consiguiendo otro tipo de relación de la ciudadanía con las expresiones culturales y, sobre todo, con las de cultura contemporánea, que son más complicadas porque manejan códigos visuales y artísticos que no son tan conocidos por la población. Hacer que eso se convierta en accesible para todo tipo de públicos es un reto que para mí era importante. Queda mucho por hacer pero ya hemos avanzado algo.

¿Qué carencias había en el Centre del Carme que ya se han subsanado?

Sinceramente, queda mucho por hacer en todo. Por una parte, al edificio le quedan 4000 metros cuadrados por rehabilitar, una labor pendiente que la Generalitat tiene que acometer en algún momento. Hemos conseguido que el público, o una parte de la ciudadanía, conozca qué es el Centre del Carme y donde está. Cuando llegamos, la mayor parte que venía manifestaba que era su primera visita. Entonces, era un espacio que era desconocido para buena parte de los valencianos y las valencianas.

‘Este contenedor está lleno de un contenido efervescente que tiene que ver con la cultura contemporánea ‘

Por lo tanto, por una parte hemos puesto en valor este enclave patrimonial, porque tiene un claustro gótico, uno renacentista, una escalera barroca, una sala neoclásica, ruinas islámicas, y todo eso convive en un mismo conjunto arquitectónico que ya tiene un valor singular. Por otra parte, ese contenedor está lleno de un contenido efervescente que tiene que ver con la cultura contemporánea y con lo que está sucediendo hoy en la creación artística actual. Y, además, sirve también para potenciar a los artistas y creadores valencianos y que tengan un lugar donde poder desarrollar aquello que están investigando, produciendo o creando.

El fenómeno Okuda es una sinergia que establecéis con Cultura Festiva del Ayuntamiento de Valencia en la que el mundo de las Fallas hace una sinergia con el mundo del arte. ¿Cómo explicas este fenómeno? ¿Cómo crees que se ha trasladado a la ciudadanía?

No se puede vivir de espaldas a los sentimientos y la forma de vida de una comunidad. La ciudad de València, y la Comunidad Valenciana, tiene una especial vinculación con la fiesta de las Fallas y con esa forma de expresión artística y social, de manera que, muchas veces, desde el ámbito del arte, se ha generado un cierto desprecio hacia ese tipo de expresión artística y popular. Yo creo que hay que tender puentes. Mi forma de entender las cosas es siempre en red, por eso el Consorci de Museus está funcionando bien, porque, justamente, la propia lógica con la que se constituyó fue como una red que vertebra a través de la cúpula todo el territorio y en el que participa la Generalitat. De manera que, el abrirnos a aspectos de la creación que no habían sido debidamente atendidos en ámbitos museísticos  fue un atrevimiento por nuestra parte, pero a mí no me asustan las pruebas y experimentos, y me parece que el mundo no avanza si no se tiene la osadía de hacer pruebas. Hay cosas que pueden salir mejor y cosas que pueden salir peor, pero, en cualquier caso, se aprende de los éxitos y de los fracasos. Poner en contacto las Fallas ha sido un caso de éxito, porque nos abrimos a una parte de la ciudadanía que no contemplaba la experiencia contemporánea. Y, por otra parte, a las personas que tienen una cierta proximidad con las experiencias artísticas contemporáneas las vinculamos con el mundo fallero desde otro punto de vista y, además, lo hacemos siempre de una forma participativa.

‘El caso de Okuda fue una experiencia que, seguramente, tardará en repetirse, porque son fórmulas que no se sabe muy bien como suceden y funcionan. Nunca pensamos que fuera a tener esa respuesta tan enorme por parte del público’

¿Te ha sorprendido el impacto positivo que ha tenido el caso de Okuda en la ciudad de València?

La verdad es que sí. El caso de Okuda fue una experiencia que, seguramente, tardará en repetirse, porque son fórmulas que no se sabe muy bien como suceden y funcionan. Nunca pensamos que fuera a tener esa respuesta tan enorme por parte del público. En los datos de visitantes que manejamos se pone de manifesto que en la ciudad de València, y la Comunidad Valenciana, hay hambre de cultura y que cuando al público se le ofrecen propuestas interesantes responde y que pasa por encima de cualquier complejo que pueda existir, como cuando dicen que a la gente no le gusta la cultura o que no entiende el arte contemporáneo. Cuando la gente encuentra vías de acceso, sabe perfectamente identificar aquello con lo que se siente representada o a gusto. Y lo cierto es que en el Centre del Carme, en estos tres años y medio se ha conseguido un cambio en cuanto a la forma en la que el público se relaciona con este espacio que para nosotros es también el tubo de ensayo que ponemos en práctica para luego poder llevar a cabo proyectos en otros centros y museos en los que colaboramos.

‘El Espai de Telles es un ejemplo claro, un espacio destinado a bebés de cero a tres años y sus familias que abrimos en 2017 como proyecto piloto. Era el primer espacio permanente que se abría en un museo de arte español destinado a bebés de cero a tres años’

El Espai de Telles es un ejemplo claro, un espacio destinado a bebés de cero a tres años y sus familias que abrimos en 2017 como proyecto piloto. Era el primer espacio permanente que se abría en un museo de arte español destinado a bebés de cero a tres años. Eso es una apuesta clara por hacer que la cultura sea inclusiva y que los museos sean acogedores. Y no es un espacio simplemente para estar, es un espacio de aprendizaje, de motricidad, de crecimiento y de disfrute, porque no hay que olvidarse de que la cultura tiene una parte de disfrute y que si la gente no disfruta es muy difícil que se sienta cómoda y que se sienta atraída.

¿Consideras que los museos no reciben la suficiente financiación para poder llevar a cabo todas las exposiciones?

En este momento, sinceramente nosotros tenemos un presupuesto. El dinero siempre es ilimitado, cuanto más tienes más puedes hacer. Pero por otra parte, nuestro problema no es de presupuesto sino de falta de personal. Tenemos una severa escasez de personal, en este momento solamente hay diez personas trabajando en el Centre del Carme. Y nuestro volumen de actividad está a la vista: cómo ha crecido exponencialmente y cómo ha respondido el público a esta oferta. Por lo tanto, estamos haciendo un trabajo acertado y que conecta con la necesidad de la ciudadanía, pero es muy difícil poder mantener este volumen de actividad y esta calidad en el servicio que prestamos si no tenemos un incremento de personal. Con diez personas, para este volumen de actividad, no es posible continuar trabajando.

‘Hemos dado con un modelo que conecta bien con la ciudadanía y con los deseos de consumo cultural que tienen.’

Uno de los secretos del Centre del Carme han sido los talleres dentro de los claustros, que han tenido muy buena acogida. ¿Cuando ponéis en marcha una actividad como esta pensáis que va a tener tal impacto en la gente?

La verdad es que la respuesta del público siempre es un misterio, no hay una fórmula de éxito que te garantice lo que puede suceder. Sí que es cierto que creo que hemos dado con un modelo que conecta bien con la ciudadanía y con los deseos de consumo cultural que tienen. Entonces, ha habido pruebas, como el ciclo de cine que hicimos este verano y que funcionó fenomenal, muy por encima de nuestras expectativas. Ahora estamos preparando para el mes de diciembre un ciclo de cine nuevo, que se titula ‘Cuidados’ entre el capitalismo y el patriarcado, una temática más comprometida, pero también muy interesante. Se abordará durante 15 sesiones en la sala Dormitorio del Centre del Carme y será una apuesta para seguir ahondando en esas experiencias que dan al público oportunidades de acceder a contenidos que no son habituales porque, evidentemente, nosotros no vamos a programar un ciclo de cine comercial, no entramos en esa categoría. Vamos a programar siempre trabajos que están en el ámbito de la experimentación o del pensamiento. De hecho, incluso el ciclo de cine de este verano era de comedia, pero eran comedias que prácticamente no se habían visto en España y que estaban perfectamente hiladas para generar un relato que mostraba de qué se ríen en Europa, cómo es el humor europeo y ayudar con eso también a la construcción de esa imagen.

‘Tenemos muy claro que somos un servicio público y que nuestra prestación es la de contribuir a enriquecer culturalmente la Comunidad Valenciana.’

¿Crees que os habéis abierto a públicos que, de normal, no acudirían al Centre del Carme?

Hay que acabar con los complejos y acabar con las barreras, en todos los sentidos y en todas las direcciones. Tenemos que trabajar teniendo como prioridad el servicio público, la calidad de la oferta y la programación y en las necesidades de diferentes tipos de público. La clave en nosotros está en que no trabajamos solo para especialistas, sino que trabajamos para el público en general. Y en este sentido, tenemos muy claro que somos un servicio público y que nuestra prestación es la de contribuir a enriquecer culturalmente la Comunidad Valenciana. Por lo tanto, cuanta mejor oferta demos y cuantos más nexos de unión encontremos con la ciudadanía, mejor. Las Fallas es uno de ellos, la música, las artes escénicas de pequeño formato, pero también el pensamiento a través de cuestiones jurídicas o de arquitectura, o literatura… Es decir, todos esos campos que tienen que ver con la cultura contemporánea. Estamos siendo fieles a nuestra hoja de ruta, yo estoy siendo fiel al proyecto que concursé aquí y que contemplaba todo ese tipo de aspectos. Y, por otra parte, estamos prestando un servicio de visibilizar asuntos. Hacemos un programa, Altaveu, que va dirigido a visibilizar proyectos de inclusión y cohesión social, porque hay un montón de iniciativas sociales que están trabajándose desde el ámbito civil que quedan reducidas a sus guetos de actuación, pero que no cobran una forma pública y que no reciben el reconocimiento que merecen a pesar de que sean transcendentes e importantes.

‘Hacemos un programa, Altaveu, que va dirigido a visibilizar proyectos de inclusión y cohesión social, porque hay un montón de iniciativas sociales que están trabajándose desde el ámbito civil .’

Todo eso hace que trabajemos sin complejos. Trabajamos de una forma horizontal, nos gusta tejer redes, nos gusta ese mestizaje y creemos que cualquiera que viene de fuera puede tener una idea tan buena o mejor que la nuestra. Por lo tanto, el no situarnos en un pedestal inaccesible nos hace ser muy receptivos a lo que está sucediendo en la calle, y conectamos rápida y fácilmente con propuestas que llegan de festivales o de productores culturales independientes o de personas que tienen propuestas interesantes y que se canalizan fácilmente a través del Centre del Carme y del Consorci de Museus.

Por otra parte, generamos toda una batería de convocatorias públicas que posibilita y garantiza la igualdad de oportunidades, la democratización en el acceso y la transparencia en la gestión de la institución. Eso hace que, además, demos juego a artistas jóvenes de media carrera, de larga trayectoria, que intervengamos en el propio Centre del Carme, pero también en colegios y en centros ocupacionales, por lo tanto, prestamos atención a personas en riesgo de exclusión o con enfermedades mentales o con diferentes tipologías. Todo eso hace que estemos pensando en que de verdad la cultura es útil, que es una herramienta de transformación social que mejora la vida de la gente y que da habilidades y capacidades a quienes participan de ella para construir otros relatos colectivos y personales y empoderarse a la hora de tomar decisiones, porque, muchas veces, desconocer las cosas nos impide desearlas e imaginar otras realidades.

Nosotros, por ejemplo, el año que viene nos hemos comprometido con la Emergencia Climática. Hemos puesto ya en la fachada del edificio una pancarta, que es como un elemento visible y es una llamada de atención. Vamos a hacer una auditoría medioambiental para comprobar cuál es nuestro funcionamiento y en qué podemos mejorar. Por ejemplo, ya no utilizamos botellas de plástico, sino jarras de cristal. Eso es un pequeño gesto, pero lo cierto es que los pequeños gestos cambian el mundo. Porque el pequeño gesto de millones de personas son millones de repercusiones que tiene el planeta. Al final, con independencia de cuál sea tu ideología, tus creencias religiosas, tu orientación sexual, tu posición en el mundo, da igual, el impacto del medioambiente y la emergencia climática en la que nos encontramos nos va a afectar a todos por igual. Por lo tanto, se tiene que producir un cambio en el modelo de gestión global, pero eso empieza por uno mismo. Entonces, todos sabemos exigir a los otros, pero es hora de que nos exijamos a nosotros mismos.

¿Recuerdas algún caso en el que algún visitante te haya agradecido personalmente todo lo que hacéis?

‘Yo me involucro siempre en lo que puedo y, en los encuentros que han tenido lugar en el Centre del Carme pero también en algunos centros escolares a los que hemos ido justamente para romper esas barreras y dar oportunidades a que personas que estén en centros ocupacionales puedan impartir talleres en colegios a niños y romper esa barrera que existe con las personas que tienen una determinada diversidad. .’

Hay gente que está manifestando que está disfrutando de este tipo de programas, porque, justamente, quien más necesita empoderarse y ganar en autoestima son las personas que más dificultades tienen para incorporarse a las dinámicas de la sociedad. De manera que es ahí donde tenemos que hacer el mayor esfuerzo posible, y no es nuestra competencia directa, evidentemente, pero también creemos que la cultura es un puente más por el que las personas pueden acceder a la normalización social. Entonces, trabajar en ese terreno ha hecho que entremos en contacto con diferentes colectivos y que numerosas personas vengan a participar de nuestros proyectos. Yo me involucro siempre en lo que puedo y, en los encuentros que han tenido lugar en el Centre del Carme pero también en algunos centros escolares a los que hemos ido justamente para romper esas barreras y dar oportunidades a que personas que estén en centros ocupacionales puedan impartir talleres en colegios a niños y romper esa barrera que existe con las personas que tienen una determinada diversidad.

Esto es gratificante, pero, sobre todo, lo importante es que a ellos les empodera y les ayuda a seguir adelante. Al final, el mundo se construye de personas, y aquí nadie está de más y nadie tiene que sentirse que está de más. Pero todos tenemos que ser capaces de sumar a los otros.

¿Cómo ves el futuro del Centre del Carme de aquí a unos cuantos años?

Lo fundamental es que sigamos profundizando en el camino que hemos marcado. Sería maravilloso conseguir que en el Centre del Carme se rehabilitaran los 4000 metros cuadrados que están pendientes de rehabilitación, porque eso nos permitiría desarrollar muchos más programas educativos y culturales. Hay un elemento crucial que a veces es invisible pero que es clarificador: cuando yo llegué al Carme se destinaba al Consorci de Museus 10.000 euros de presupuesto para educación. Desde 2018, se destina al año un millón de euros a educación. Uno puede decir que quiere hacer una cosa, pero lo que uno quiere o no quiere hacer se demuestra con acciones concretas. Y el presupuesto es lo que avala el poder o no poder hacer cosas. Nosotros, en 2018, obtuvimos un incremento importante de presupuesto. Se duplicó el presupuesto que aporta la Consellería de Cultura de la Generalitat al Consorci de Museus, que es quien aporta la parte principal del presupuesto, y pasamos de dos millones a cuatro millones de presupuesto. Ese incremento fue destinado directa e íntegramente a exposiciones, a actividades culturales, a mediación cultural, a educación… Y el impacto ha sido exponencial, evidentemente, porque todo nuestro incremento de presupuesto va también relacionado con el incremento de actividad y con el incremento de visitantes.

Al final, el presupuesto, lógicamente, importa. Lo que ocurre es que nosotros hemos llegado a un punto en el que sin más personal, va a ser difícil que podamos mejorar. De manera que en una situación ideal imagino esta institución dotada de personal en cuanto a número de trabajadores, lo cual también ofrece oportunidades a personas que están formadas y que están preparadas y que están dispuestas para poder desarrollarse profesionalmente con éxito y con conocimientos. Por lo tanto, seríamos también un motor económico que permitiría sacar del paro a algunas personas que merecen estar en activo. Imagino este espacio afianzándose en el ideario colectivo de la ciudad convirtiéndose, como ya es, en un espacio de referencia a la hora de recibir visitas de extranjeros y de turistas, y, sobre todo, prestando un servicio de proximidad y de normalizando la función de la cultura, incorporándolo a la vida cotidiana de la gente. Eso es algo que ya está sucediendo pero creo que nos queda mucho camino para lograr que esto mejore y se extienda a numerosas familias y capas de la sociedad.

Sigue la segunda parte de la entrevista: “Poner en contacto el arte con las Fallas ha sido un caso de éxito”

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