“El amante doble” de François Ozon: Identidades rotas

“El amante doble” de François Ozon: Identidades rotas

“El amante doble” de François Ozon, inspirada en la novela “Vidas gemelas” de Joyce Carol Oates, bajo el pseudónimo de Rosamond Smith, nos presenta a la joven ex-modelo Chloé (Marine Vacth), un personaje roto, carne de diván de psiquiatra. Una joven solitaria, tan atractiva como vulnerable, que inicia a continuación una relación con su terapeuta, Paul (Jeremie Renier).

Pero el equilibrio y la estabilidad ganada con Paul desemboca pronto en una relación triangular muy retorcida. Chloé vivirá escindida entre dos hombres, su marido y el hermano idéntico de este –interpretados ambos por el mismo actor, Jérémie Renier–. De aquí nace precisamente el título original del film con una joven dividida entre los dos hermanos gemelos y psiquiatras, aparentemente peleados, y de carácter y maneras antagónicas.

Ozon difumina los contornos de la verdadera naturaleza psíquica de la chica en una atmósfera presidida por la sospecha y la ambigüedad. Un clima enrarecido en  general que cuenta con una elegante y suntuosa puesta en escena, apoyada también en la actuación de este personaje femenino increíble y magnético, que desprende tanto erotismo como turbación, desprendiendo una vida trastornada.

La realización de Ozon nos deja una pieza hipnótica, en que el espectador queda atrapado tanto en la telaraña mental de Chloé cómo en las mismas imágenes, con momentos que multiplican a la protagonista gracias al uso de espejos. O la relevancia que toma el mismo trabajo de la chica en un museo de arte moderno, en qué ella aparece integrada en el mobiliario, como mimetizada en el entorno, en que el arte abstracto acontece también un espacio vacío con unas formas expuestas inconcretas, marco propicio por el surgimiento de pesadillas, gestación de terrores.

Esta trama enrevesada resulta un laberinto perfecto por donde dejarse perder. Y Ozon lo hace adoptando el formato de un film de intriga psicológica, donde conviven las obsesiones y las sombras de la duda de raíz hitchcockiana, pero ademán al día por el tono más enfermizo y perverso de David Lynch. Pero dónde perviven también imágenes extraídas directamente del cine de miedo de Polanski, concretamente “La semilla del diablo”, puesto que el ingrediente fantástico acontece también un ingrediente nuclear en el film. La invocación polanskiana se hace a través de citas e instantes, más allá de la analogía de rostros y peinados que se produce entre Chloé y el personaje interpretado por Mia Farrow al film de Polanski.

El film de Ozon recupera en un papel secundario a Jacqueline Bisset y nos deja un trabajo doble extraordinario de Jérémie Renier, que rueda por tercera vez con Ozon. Pero sobre todo se nos permite redescubrir a Marine Vacth, una actriz que repite con Ozon después de “Joven y bonita” (2013), regalándonos un papel digno de elogio mientras se exhibe como un auténtico animal cinematográfico.

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