El 70é Festival de Cannes se divide entre la furia y la calma

El 70é Festival de Cannes se divide entre la furia y la calma

La quinta jornada ha contado con tres buenas propuestas a concurso que contribuyen a engordar una buena mitjania cualitativa del certamen francés. Una de las primeras espadas del certamen francés, Michel Haneke, intentará conquistar su tercera Palma de Oro con otra afilada y demolidora cinta, “Happy end”. Y el griego Yorgos Lanthimos repite de nuevo a la Sección Oficial con una incómoda y aterradora cinta sobre el castigo a “The Killing of a Sacred Deer”. La furia y el horror de Haneke y de Lanthimos se combinan en Cannes con la calma de la voz menuda del tercero en discordia, el surcoreano Hong Sangsoo, que compite en Cannes de nuevo con otra propuesta tan sencilla como maravillosa, “The Day After”.

La carcoma

Fotograma "Happy end"

Fotograma “Happy end”

El austríaco Michael Haneke, omnipresente en la Sección Oficial desde el año de “Funny games”(1997), intentará conquistar su tercera Palma de oro con “Happy end” después de “Amor” (2012) y “La cinta blanca” (2009). Haneke participa este año con un furibundo retrato de una familia burguesa norteña de Francia, diseccionant de nuevo cono en otras ocasiones sus personajes y sus actos, afectados todos por un tipo de podredumbre y de corazón que lo devora todo.

La familia acontece el lugar privilegiado, el escenario ideal, para estudiar las relaciones humanas dentro de un cuerpo cerrado. Ya hemos visto en el festival como Baumbach se acercaba al entorno familiar a “The Mayerovitz Story” desde el humor y la melangia, pero sin hacer sangre. En cambio, Haneke se ensaña, como de costumbre, sobre los miembros de su familia.

En una estructura fragmentada, como una película en construcción, en que los trozos dispersos se van recomponiendo para conformar un mosaico asfixiante, una nueva historia irrespirable. El título se puede interpretar en clave irónica, consustancial a la amargura que exhala siempre Haneke, o si ninguno, hasta en todo en clave testamentària. Pero al final cogemos este ambivalente título, una historia desesperada, puesto que en este quebradizo humano de “Happy end” predominan los suicidas y los asesinos compasivos.

Entre el amplio abanico de protagonistas destaca el papel de una niña que ha sufrido la muerte de su madre, previsorament intoxicada en un suicidio, exponente de una infancia desgraciada, y a la vez retrato escalofriante de la crueldad infantil. Esta niña, en un papel sencillamente prodigioso, se ve complementada con el viejo patriarca.

Con un elenco conformado por Isabelle Huppert – que colabora con Haneke por cuarta vez-, o el veterano en cara en activo Jean-Louis Trintignant – que repite con el cineasta austríaco después de “Amor”, Mathieu Kassovitz o el británico Toby Jones.

A corazón abierto

Fotograma "Happy end"

Fotograma “Happy end”

El griego Yorgos Lanthimos repite de nuevo a la Sección Oficial con una gran coproducción y protagonismo internacional en un título bien esquiu, “The Killing of a Sacred Deer”, después de la desencisada patraña futurista “Langosta” (2016). Lanthimos ha dirigido ahora una cinta sobre el drama de una familia perfecta asediada por la presencia de un chico tan enigmático como progresivamente aterrador. Este chico, especie de ser demoníaco, provoca el caos en la modélica familia de un cirujano cardiovascular, Steven Murphy (Collin Farrell – que repite con Lanthimos después de “La langosta”-), casada con Anna (Nicole Kidman) y con dos hijos.

El chico, Martin (Barry Keoghan), es una presencia misteriosa desde un bello principio, presentado como hijo de un paciente muerto de Steven, por culpa de una negligencia médica. Steven parece haberse convertido en protector o tutor del chico, prestándole atención, como un tipo de expiación de su culpa. Pero en realidad, el chico busca el castigo implacable, que la justicia ciega caiga encima la familia, como una plaga bíblica.
Un film visualmente espectacular, con un tratamiento majestuoso de los espacios, que deja una geografía del vacío. Auténticos paisajes domésticos del terror como, por ejemplo, el horror y la locura que nace en el hotel Overlook de Kubrick a “El resplandor” (1980). Un trabajo exquisito con las grandes superficies, a menudo con grande angular, que deja los personajes perdidos y atrapados en unos espacios desmesurados, como salas y pasillos.

Un film cargado de simbolismo y convertido, de hecho, en una potente metáfora, en que la venganza del chico actúa como punición extrema de un sentimiento de culpa que empaita a Steven. Y es que dotado de poderes paranormals, el chico deja los hijos paralíticos con un simple gesto, arrastrando a Steven a un sacrificio final terrible para liberarse de la maldad.

Malentendidos

El surcoreano Hong Sangsoo compite de nuevo en la Sección Oficial después d”En otro país” (2012) con “The Day After”, rodada en blanco y negro, aunque participa por partida doble en Cannes también fuera de competición con “Claire’s Camera”.
“The Day After” es una historia mínima, reducida prácticamente a cuatro personajes, y a escasos escenarios, que da un grandísimo juego en una combinatoria perfecto de tantos pocos elementos. El nudo dramático rae en la infidelidad del director de una editorial, Bongwan ( Kwon Haehyo), y la confusión que se genera confundir su esposa a una nueva y guapa trabajadora, Areum (Kim NMinhee), en su primer día de trabajo, con el amante de su marido.

Este hombre, figura patetitzada, es un pobre personaje atrapado en sus mentiras, y sobrepasado también por los acontecimientos, especialmente en cuanto a su relación con tres mujeres a la vez, prácticamente en un mismo día. Sangsoo, maestro de la simplicidad, juega con el tiempo narrativo en su discontinuidad, especialmente al principio, para alienarse progresivamente hacia un cierto orden lineal.
Un film estructurado como una ronda de encuentros y desencuentros, hecha también a base de rondas de alcohol alrededor de una mesa de un bar, disparo distinguible del cineasta sudcoreà, así como sus protagonistas masculinos siempre charlatanes y ademanes en ridículo. Una ronda perfectamente trazada, hecho con tiralíneas. Y un film deliciosamente espléndido, profundamente humano, ligero y grave a la vez, que eleva una anécdota cotidiana a la categoría moral y ética.

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