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De la integración a la inclusión; de la utopía a la fantasía

De la integración a la inclusión; de la utopía a la fantasía
30/07/2018 -

La RAE define fantasía como ficción, cuento, novela o pensamiento elevado o ingenioso. Aunque esta otra definición también sirve: facultad que tiene el ánimo de reproducir por medio de imágenes las cosas pasadas o lejanas, de representar las ideales en forma sensible o de idealizar las reales.

La inclusión ayer era una utopía, hoy es una fantasía.

Soy una persona SORDA (aviso: no estoy gritando), y digo esto porque decir SORDA en mayúsculas implica, además de la sordera, la pertenencia a una comunidad lingüística: la comunidad sorda signante, es decir, usuarias de la lengua de signos. Una lengua que ha sido maltratada a lo largo de la historia, haciéndonos sentir “personas raras” que simplemente no oímos bien. En mi caso, pasé de ser un alguien anónimo en mi propia vida a una persona completa gracias a la lengua de signos, porque la comunicación es lo que te convierte en lo que eres, y me dio también ese sentido de pertenencia a un grupo. Y toda identidad diferente conlleva necesariamente una lucha, una reivindicación; y la nuestra es la lucha contra las barreras de comunicación.

Decimos que la inclusión es una fantasía porque se ha vaciado de contenido, se ha convertido en la palabra de moda en la política actual. ¿Os suena que una Consellería hace unos años cambió su nombre de Consellería de Bienestar Social a Consellería de Políticas Inclusivas? Pues eso, una moda como lo fue en su día la palabra “integración”.

Tengo la sensación de que en ocasiones las personas que nos dedicamos a la política creemos que con repetir una palabra, como en un conjuro, vamos a hacer magia y arreglar todos los males del mundo. Parafraseando al movimiento sufragista: Hechos, no Palabras.

El problema es que de tanto repetir una palabra pierde su significado y cuanto más larga es la lucha más tiempo tienes para perder la esperanza. Cuando caemos en la cuenta de que es “lo de siempre”, esa palabra se acaba convirtiendo en ficción. Cualquier mensaje político que hable sobre nosotras, las minorías diferentes dentro de la mayoría normalizada, acaba siendo un cuento de ciencia ficción.

Y hablando de fantasías… una de actualidad: la [im]posible confluencia o no con Compromís en el País Valencià. Y es que vuelve a ocurrir lo mismo: la necesidad de crear un espacio amplio de cambio de calado, con políticas transformadoras de verdad, es en esencia crear una sociedad también para nosotras las minorías, pero la soberbia y la falta de conocimiento, adornado de excusas variadas de algunas organizaciones políticas, provoca un inmovilismo frustrante que nos deja fuera. De lo que se trata al fin y al cabo es un continuo en el tiempo “ellos y nosotros”, personas sordas y personas oyentes, política comprometida y política de maquillaje. En mi día a día la soledad persiste, te sientes una contra el mundo. Una en el partido, una en el Senado, y una en cualquier lado.

La RAE define incluir como poner algo o a alguien dentro de una cosa o de un conjunto, o dentro de sus límites. Pero antes la palabra de moda era “integración”, que se define como hacer que algo o alguien pase a formar parte de un todo, o completar un todo con las partes que faltaban. Cuando se hablaba de integración decíamos que debía ser recíproca, que no todo se limitara a que tuviéramos que adaptarnos a las mayorías para ser parte de una sociedad común. Y todo evoluciona, y ahora lo llamamos inclusión. Habrá que plantearse lo de menos intentar seducirnos con el lenguaje y más medidas efectivas que nos permitan vivir en igualdad al resto.

Oliver Sacks (que la tierra te sea leve compañero), supo entender a la comunidad sorda estadounidense en unos meses, e incluso escribió un libro “Veo una voz: viaje al mundo de los sordos” que es una lectura recomendada para quien quiera acercarse a conocer la idiosincrasia de ser persona sorda y participe de una comunidad lingüística, es más, él era médico y dijo:

“Tuve que ver todo esto personalmente (se refiere a conocer la comunidad sorda y visitar la universidad de Gallaudet en dónde la lengua vehicular es la lengua de signos americana conocida como ameslan o ASL) para poder pasar de mi punto de vista médico previo de la sordera (como una condición, una deficiencia, que había que tratar) a un punto de vista cultural de los sordos como una comunidad con una cultura y un lenguaje completos y propios.”

Entonces me pregunto por qué si él pudo en unos meses, en la política hoy nadie puede entenderlo.

Siglo XXI, año 2018, en un planeta llamado Tierra, todavía las personas sordas perfectas son aquellas que oralizan, y las personas sordas signantes andamos matando palabras moviendo las manos*. Nadie se libra de ser juzgada, y cuando se hace desde el desconocimiento es más triste todavía, así que os pido: no juzguéis mi lengua sin conocerla primero. Ser como Oliver Sacks. Este artículo es tan solo una llamada en alto a la inclusión, a la de verdad, a la que se siente y se vive, a la recíproca, una inclusión que no deba ser recordada cada dos por tres, una inclusión partícipe y que combata el audismo.

Y seguimos en la lucha, porque como dice Pepe Mújica, ex presidente de Uruguay, “derrotados son los que dejan de luchar”.

Como todo se entiende mejor con ejemplos voy a poner uno que seguro quedará bastante claro. Ya sabemos que soy una personas sorda, que forma parte de un partido político que se llama Podemos. Este partido instauró una nueva forma de hacer política más participativa, abierta utilizando como herramienta, entre otras, las primarias. Ahora bien, si yo me quisiera presentar a las mismas como todo el mundo sabe, en la vieja y en la nueva política, la información es poder y por lo tanto yo me quedaría fuera. La televisión autonómica por unas cosas u otras, no es accesible. No tengo acceso a los temas de actualidad de País Valencià y ya parto en desigualdad de condiciones con otras personas candidatas oyentes. Por otro lado, estoy excluida de los espacios informales (las feministas saben de lo que hablo), pero de los formales también en muchas ocasiones, por una cuestión de idioma, no por ser sorda. ¿Entendéis el panorama? Pues eso, de ciencia ficción.

Así que, compañeros y compañeras, una pregunta: ¿la inclusión es viable o debemos resignarnos a que siga siendo una fantasía? Volviendo a las palabras de Mújica, yo tengo claro que no quiero ser una derrotada.

*Congreso de Milán – El 2do. Congreso Internacional de Maestros de Sordomudos, celebrado en Milán, Italia, del 6 al 11 de Septiembre de 1880

Pilar Lima Gozálvez
Senadora de la Comunidad Valenciana por Unidas Podemos

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