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Política enredada

12/03/2018 -

No cabe ninguna duda que las redes son un medio útil y rápido para llegar a miles de personas con un solo click. Es cierto que es un vehículo de comunicación para dar a conocer lo que pensamos y lo que hacemos con inmediatez. Además, los mensajes cortos, con emoticonos e imágenes hacen más atractivo y legible nuestro mensaje. Ahora bien, me pregunto si pueden ser algo más que eso.

¿Las redes pueden sustituir a los medios tradicionales? ¿Son el instrumento adecuado para el debate político? Muchas preguntas, hay más: ¿Qué clase de democracia tendremos si los electores se limitan a informarse por las redes? ¿Qué tipo de políticos gestionarán nuestros recursos si basan su comunicación en un tweet? Y más…

Algún diario ya ha anunciado la creación de su libro de estilo para que los periodistas cumplan también algunas reglas de redacción y estilo en las redes. Este hecho demuestra que cada vez más las redes van extendiendo su telaraña y copando los espacios clásicos de comunicación y debate. Una tela de araña que se extiende a pasos agigantados. Tan grandes y rápidos que no tienen la supervisión necesaria para que, por ejemplo, se protejan algunos derechos.

Esto sucede a pesar de las alertas de los expertos. Hay ya numerosos estudios que nos advierten del riesgo de adicción que conlleva el uso de las redes, algunos incluso hablan de ser más incontrolables que el alcohol o el tabaco. Todo hasta el punto que uno de los impulsores de Facebook dice arrepentirse por haber creado un medio que sabía que iba a generar este tipo de daños en la sociedad.

También parece que está claro que son un trampolín ideal para insultar y vomitar todo tipo de improperios dando la cara o no, que se lo digan a los “trolls”. Con ellos o sin ellos ya no dudamos de que también son vías excepcionales para tergiversar la información y crispar el debate.

Siempre he dicho que no todo vale, tampoco en las redes. Está claro que no podemos remar contracorriente de los avances tecnológicos y que lo inteligente es sacar el máximo provecho de ellos; pero ¡ojo! No hay red social que pueda ni deba sustituir al debate sosegado y profundo que merecen los ciudadanos, a la confrontación de ideas, a la información de calidad. Todo ello es necesario para que el la democracia no se desvirtúe. La política está para clarificar y avanzar, no para enredarse en mensajes cortos y sesgados que la ocultan y la alejan de la ciudadanía, aunque pudiera parecer que las redes consiguen lo contrario.

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